martes, 15 de abril de 2014

“Nada, no pasa nada”


 A pesar de que recurre a todas sus artimañas no consigue la luz de este día saltar la verja de la tarde,  y resbala resignada por ella,   dejándose caer,  mientras languidece y se rinde ante la autoridad con que llega la noche,  que viene dispuesta a prestarse a todo:  a hacerse escondrijo para que se oculte en él a sus anchas lo que no deba ser visto,   a poner sombra en el lado menos bueno para que resalte el más bello,  o a servir de puente a los pasos que nos acercan a ese encuentro que se ha repetido,  incansable,  en los sueños que no se duermen,   en los de ojos enrojecidos  y abiertos por la nostalgia.
 
     Hoy,  hasta el frío está raro,  como si tuviera fiebre,  por unas veces quema y por otras hiela hasta hacer que tiemblen de desconcierto las manos primero y todo el cuerpo después. Ya le pareció diferente el toque de las campanas de esta tarde de misa de difuntos,  como si,  en vez de doblar,  cantaran.  Incluso inclinó la cabeza para ocultar un rubor inexplicable y súbito que le encendió el rostro cuando vio a su marido allá,  al otro lado,  en el lugar destinado para los hombres,  ...”aquí nada  cambia,  cada uno en su lugar,  sin atreverse a arrebatarle un instante de emoción a la vida  .....” – pensó,  y detuvo a tiempo la cólera que se unía a las demás sensaciones que hoy sacudían su habitual y contenida manera de estar- .
 
     Aunque no le ha visto aún,  sabe  que él anda cerca. Tantos años sin suspirarle abiertamente la han obligado casi a sentir lo que finge.  Y aunque aplasta a la madurez con espléndidos argumentos,  en el alma  se le tatuó para siempre aquel punzante dolor que,  en la ansiosa boca del adiós,  se mezcló con los desolados gemidos de la despedida.  Ignora que él no le ha ganado tiempo a  la vida  porque cree haberlo perdido no teniéndola cerca,  imaginándola desde otros lugares de los que se siente ajeno y a los que quiso irse confiando en que el olvido se iría con él,  pero el olvido le traicionó dejándole solo ante la cancela de la memoria,  que nunca se cierra,   por la que se ha ido colando el recuerdo y,  sobre todo,  el tormento.
 
  Encerrada en un pequeño hexágono que medita,  ausente y callado, bajo la bóveda que han creado espontáneamente los árboles para protegerlo de los balanceos de cualquier estación que se anuncie,  la plaza a la que se asoma la puerta de la ermita no tiene bancos;  sólo los muros que la cercan sirven de repentino asiento para la agonía de la espera,  o para darle un respiro al amor cuando retoza. 
 
Se apresura a abandonar la capilla nada más acabar el acto religioso,  y no entiende por qué le cuesta tanto a sus piernas descender los escasos escalones que la separan de la plaza.  Apura el paso y la cruza para evitar los saludos de siempre,  que empiezan a acumularse,  y  para sosegar a solas esa inquietud que,  desde hace unos días,   le subleva el estómago y le cetrina el rostro.  Instintivamente escoge el más apartado de los rincones y apoya un lado de su cuerpo  en el tronco de un árbol al que acaricia con una de sus manos;  huele la  tierra húmeda e intenta detener al pensamiento,  que corre atropellado ...... el mismo lugar,  otro tiempo, .... él. 
 
Desde el sitio en el que se encuentra observa,  absorta,  como se suceden los abrazos entre el gentío,  cada vez más numeroso,   que comienza a abandonar la ermita.  Es consciente de que tiene que repetir los mismos gestos que los demás,  pero  un sofocante anhelo la retiene.  ... “¡tengo que ir,  me echarán de menos!...” ,  y saca del bolso la barra de labios y el espejo;  retoca la pintura y trata de poner un poco de vida al demacrado aspecto que ofrece su cara.
 
De repente,  cuando va a empezar a caminar hacia el grupo de personas que se agolpa en el centro de la plaza,  surge desde su espalda esa voz,  la suya,  ese timbre peculiar que lleva grabado en sus oídos de manera perenne:  ...”¡al fin consigo verte!.....”.
 
Siente como si una tonelada de piedra le impidiera moverse.  Gira la cabeza y le ve.  Ni una sola palabra sale de sus labios,  tan sólo es capaz de observarle cuando recorre el breve espacio que les separa.  Se detiene ante ella y la mira,  directamente a los ojos:  ....”¡al fin consigo verte! ...” ,  repite,... “¿Cómo estás?"...
 
-        Bien,  ya ves,  .... aquí.    con un hilo de voz,  a punto de desmayarse,  recreándose en las líneas del anguloso rostro cuyo  trazo,  en los últimos años,  había dejado de concretarse- .
 
Te veo muy bien,  como si no hubiera pasado el tiempo, ... mejor aún si cabe,  debe ser que la vida te trajo la felicidad que tanto ansiabas ....   – esperando una respuesta que contradiga sus palabras - .
 
-        Estoy bien,  pero la vida me ha dado lo mismo que a todo el mundo: momentos de éxtasis y otros de dolor.  – responde con fuerza,  entonándose un poco,  intentando recuperar el control absolutamente perdido del vuelo de esa mariposa que aletea por todo su cuerpo -.
 
... Yo, .... yo no he podido olvidarte .... ,    - añade él mientras apoya  una de sus manos en el tronco del árbol y se le acerca -.
 
-        ... Pues yo .... yo te olvidé .... ,  - y baja la cabeza mientras se moja los labios resecos por la amarga mentira – .
 
¡No es verdad!, ... ¡no es verdad!, ... ¡ no puede olvidarse un sentimiento así,  como el nuestro!, ... – y le coge la barbilla para mirarla a los ojos - , ... ¡dime que no es verdad!, ... – y una congoja  larga se apodera de sus entrañas mientras se pierde en las pupilas de ella - .
 
-        ... Ya ves, .... ocurrió poco a poco, .... el tiempo,  la distancia y ... luego ... esta otra realidad, ... no podía seguir viviendo con una foto,  con una carta,  abrazando al teléfono  con el mismo anhelo que a ti.  ... ¡No podía más!,  ¿entiendes?,  no estaba siendo justa conmigo, ....
 
Pero ... ¡he vuelto!,  .... he regresado, .... ¡tienes que dejar que te explique! .... – y le retira el pelo del hombro con un gesto antiguo que ella reconoce perfectamente y ante el que no es capaz de moverse a pesar de que su corazón le grita para que se aparte -.
 
-        ... Sí,  has vuelto .... soñé tanto con tu regreso que,  desde que decidí no volver a hacerlo,  no recuerdo haber vuelto a soñar;  ...  sí,  has vuelto... pero,  como en las películas,  llegas a deshora,  cuando ya no puedo estar para recibirte....
 
¡Nunca es tarde para nada!, ... tienes que escucharme,... ¡por favor!, ... – y va bajando el tono de voz y haciéndole hueco a la desesperanza -.
 
-        ... Se hizo la noche para todo,...  tú tienes tus deberes y yo...  y yo los míos,  además,... nada puede ser igual,  los momentos nunca vuelven siendo los mismos  porque el tiempo se encarga de ir cambiando la intensidad de sus colores.
 
¡Tratas de convencerte mintiéndome!,   .... ¡por favor!,  necesito explicarte, .... dame una oportunidad .... ,  ¡por favor!, .... por este amor que los dos sentimos ...
 
-        .... ¡No!, ... ¡no!, .... ¡nunca más!, ... – y se zafa de su presencia,  y empieza a caminar,  mientras piensa que allí deja lo que más ha querido en esta vida ....
 
De pronto la cogen del brazo:  .... “¿Pero dónde te habías metido?, ... ¿Qué haces aquí?, ... ¡tienes mala cara!, ... ¿te sucede algo?, ... ,  no sé que te puede pasar pero llevas unos días ausente,  extraña,  .... tal vez sea este frío, ... o que no te cuidas lo suficiente, ... y encima hoy, aquí,  esta muerte que nos ha cogido a todos por sorpresa,  .... no,  no debiste haber venido.  ¡Anda!,  vamos para casa.
 
Su marido la coge por los hombros y se pierden los dos entre la gente.  Antes de salir de la plaza,   ella,   vuelve hacia atrás la cabeza,  mirando hacia el árbol aquél,  y no puede evitar que las lágrimas le impidan verlo con nitidez.   ... “¿Qué te pasa?”   -pregunta su marido - ,   ... “nada,  -responde-  nada,  este tiempo, que me pone triste...”.
 
 

2 comentarios:

  1. Bonito relato.... Me ha gustado mucho, es muy intenso! Saludos!!!

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  2. Pues si que es un relato triste, normal que la lagrimilla se escape y se le empañe la vista al final.
    Pero está muy bien escrito. Te felicito por esa manera de "atrapar" con las letras. El lector cae rendido.
    Enhorabuena.

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